La charla “¿Ser MVP es un trabajo en Microsoft o un club secreto?” nació con un objetivo muy claro: hablar sin humo, sin postureo y sin mitos sobre lo que realmente significa el reconocimiento Microsoft MVP. Desde el primer momento, el enfoque fue honesto y directo, alejándonos de esa imagen idealizada que muchas veces genera más dudas que respuestas dentro de la comunidad.
Tuve el privilegio de presentar y moderar este panel tan especial, acompañado de referentes con trayectorias muy distintas, pero con un denominador común: una contribución constante y genuina a la comunidad. Contamos con la participación de Ana María Bisbé York, Mar Llambí, Alejandro Almeida, Roberto Navarro Matesanz y Rodrigo Ezequiel Liberoff Vázquez, quienes compartieron aprendizajes reales desde dentro del programa, sin filtros y desde la experiencia personal.
Durante la conversación desmontamos muchos de los grandes mitos que rodean al programa MVP. Hablamos de si es necesario tener miles de seguidores, publicar sin descanso o dar decenas de charlas al año, y la respuesta fue clara: no existe una fórmula única. Profundizamos en qué tipo de contribuciones cuentan realmente, cómo medir el impacto más allá de los números, qué aporta este reconocimiento tanto a nivel personal como profesional y qué límites existen a la hora de compartir información bajo acuerdos de confidencialidad.
Uno de los puntos más valiosos del panel fue poner el foco en la diversidad de caminos. No importa el rol, el idioma, el país o el tamaño de la audiencia. Lo que realmente marca la diferencia es la constancia, la generosidad al compartir conocimiento y el compromiso real con la comunidad tecnológica. Ser MVP no es un trabajo en Microsoft ni un club exclusivo, sino un reconocimiento al impacto que generas ayudando a otros a aprender y crecer.
Este panel, organizado por Azurebrains, fue también un recordatorio de por qué estos espacios son tan necesarios. Crear conversaciones abiertas, accesibles y honestas ayuda a que más personas se animen a participar, a compartir y a perder el miedo a dar el paso.
Me quedo con las preguntas de la audiencia, con el interés genuino y con la sensación de que hablar claro sigue siendo la mejor forma de construir comunidad. Porque al final, más allá de títulos y reconocimientos, lo que de verdad importa es el impacto que dejamos en las personas que tenemos alrededor.
Aquí tenéis la charla completa:

