Fugaz, pero intenso. Así podría resumir mi paso por el Evento Internacional de Datos Valencia 2026. Un evento de esos en los que llegas con una charla preparada y vuelves a casa con muchas más ideas de las que llevabas, nuevas conversaciones y, sobre todo, con esa energía que aparece cuando juntas tecnología y comunidad en el mismo sitio.

En esta ocasión quería hablar de datos, inteligencia artificial y agentes, pero intentando alejarnos un poco del clásico recorrido por productos, arquitecturas, diagramas y siglas. Porque datos tenemos. Muchos. En Fabric, en Business Central, en Microsoft 365, en nuestras aplicaciones, en sistemas corporativos… información precisamente no nos falta.
El problema muchas veces es otro: ¿cómo conseguimos que las personas puedan utilizar toda esa información sin tener que sacarse primero un máster en nuestra arquitectura?
Ese fue el punto de partida de la sesión.
Quise juntar Microsoft Fabric, Microsoft Foundry, Business Central y Copilot Studio para contar una historia que, en realidad, es bastante sencilla: no necesitamos que nuestros usuarios conozcan todo el mapa tecnológico que existe detrás de una solución. Bastante tienen ya con conocer su negocio y hacer su trabajo como para obligarles además a aprenderse el árbol genealógico completo de la plataforma.

Dicho de una forma bastante menos técnica: necesitamos conseguir que los datos respondan en cristiano, porque si no, no me entero.
Y detrás de esa frase hay una cuestión bastante importante.
Fabric puede ayudarnos a trabajar con nuestros datos, organizarlos, analizarlos, gobernarlos y proporcionarles estructura. Business Central puede aportar el contexto de muchos de los procesos que ocurren realmente dentro de una organización. Foundry nos permite llevar ese conocimiento hacia agentes y soluciones de inteligencia artificial especializadas. Y Copilot Studio puede ayudarnos a conectar y orquestar esas capacidades para acercarlas finalmente a las personas.
Pero la parte realmente interesante aparece cuando dejamos de pensar en cada una de esas tecnologías como una isla.
Porque al usuario le da exactamente igual si para responder su pregunta hemos tenido que consultar información en Fabric, utilizar contexto procedente de Business Central, invocar un agente construido en Foundry o coordinar varias capacidades mediante Copilot Studio.
Y probablemente así debería ser.
La arquitectura debe asumir la complejidad para que las personas no tengan que hacerlo.
El usuario simplemente debería poder preguntar desde las herramientas que ya forman parte de su día a día, como Microsoft 365 Copilot o Teams, y recibir una respuesta útil, contextualizada y basada en el conocimiento real de su organización.
Por eso durante la sesión intenté poner menos énfasis en el clásico “mira qué arquitectura más bonita” y mucho más en “mira qué bien resuelve esto”.
Porque podemos tener veinte servicios conectados, cinco diagramas espectaculares y una presentación llena de flechas, pero si para encontrar una respuesta una persona tiene que abrir varios portales, cambiar constantemente de aplicación y entender dónde vive cada dato, quizá todavía no hemos terminado de resolver el problema.
Y creo que ahí está ocurriendo uno de los cambios más interesantes que estamos viviendo.
Durante muchos años hemos pedido a las personas que aprendieran cómo funcionaba nuestra tecnología. Ahora tenemos la oportunidad de darle la vuelta y construir tecnología capaz de adaptarse mucho mejor a cómo trabajan las personas, cómo preguntan y cómo toman decisiones.
Pero hay otra reflexión que para mí fue especialmente importante durante esta sesión: podemos hablar muchísimo de inteligencia artificial, agentes, copilotos y modelos, pero todos ellos terminan dependiendo de algo mucho menos llamativo y muchísimo más importante: los datos.
Si los datos están mal, incompletos, desactualizados o carecen del contexto necesario, podemos colocar encima toda la inteligencia artificial que queramos. El resultado seguirá teniendo un problema en sus cimientos.
Porque sí, la IA importa.
Pero los datos, su estado, su contexto y su calidad importan todavía más.
Más allá de la charla, me quedo también con todo lo que ocurre alrededor de un evento así. Gracias a todas las personas que se acercaron, escucharon, preguntaron y compartieron ideas. Da gusto formar parte de espacios donde hablamos de tecnología, pero sobre todo intentamos entender cómo conseguir que esa tecnología sea realmente útil.
Y muchísimas gracias a toda la organización del Evento Internacional de Datos 2026. Desde fuera vemos escenarios, sesiones y speakers, pero detrás hay muchísimas horas, ayuda, cariño y trabajo entre bambalinas para conseguir que todo funcione y que quienes participamos podamos simplemente llegar y disfrutar de la experiencia. Ese trabajo muchas veces no se ve, pero es una parte enorme de lo que convierte un evento en un verdadero eventazo.

Y, por supuesto, una mención especial para Alejandro Rabal. Un verdadero placer volver a liarla juntos, my friend. Gracias por el soporte —incluido ese embutido nada más llegar, que también cuenta— y por hacer mucho más ameno el viaje de vuelta.

Porque curiosamente algunas de las mejores conversaciones después de un evento tecnológico terminan teniendo poco que ver con la tecnología.
Hablar del viaje, de proyectos, de ideas, de lo que estamos construyendo, pero también de la vida, de quiénes somos cuando cerramos el portátil y de todo lo que hacemos aparte de hablar de Fabric, Foundry, agentes o inteligencia artificial.
Y quizás esa sea también una de las cosas que más valoro de todo esto.
La tecnología nos da la excusa para encontrarnos. La comunidad nos permite aprender juntos. Pero las personas son las que hacen que realmente merezca la pena.

Me vuelvo de Valencia con energía, ideas nuevas y muchas ganas de seguir aprendiendo, compartiendo y construyendo en comunidad.
Y con una idea todavía más clara: no necesitamos más tecnología porque sí. Necesitamos conseguir que toda la tecnología que ya tenemos trabaje junta, entienda nuestro contexto y permita que las personas hagan algo útil con sus datos.
Aunque para explicarlo, de vez en cuando, tengamos que pedirle simplemente que nos responda en cristiano.


